sábado, 4 de septiembre de 2010

Alberto Pérez - El sabor de Soledad


En una aldea de Guadalajara
me fui a encontrar con Soledad.

Tienen sus labios un sabor a rara
anulación de inmensidad.

Guadalá, Guadalá,
me sabe a jara su ansiedad.

Qué será, qué será,
eso a que sabe Soledad.

Tuve otra novia que era de Zamora
con la saliva tropical.

Mas la muchacha que mi boca implora
siempre bosteza en lo esencial.

Guadalá, Guadalá,
me sabe a jara su ansiedad.

Qué será, qué será,
eso a que sabe Soledad.

Yo no le pido que se meta a monja
para mudar de paladar.

Pues muda y todo es como una esponja
que me relame sin cesar.

Guadalá, Guadalá,
me sabe a jara su ansiedad.

Qué será, qué será,
eso a que sabe Soledad.

Sabe que sí,
que su sabor no sabe
como la flor más perfumada.

En consecuencia
ya sólo me cabe
cantar sin más
sabor a nada, a nada...

Guadalá, Guadalá,
me sabe a jara su ansiedad.

Qué será, qué será,
eso a que sabe Soledad.

eso a que sabe Soledad.

eso a que sabe Soledad.

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