Como si las puertas del Cielo se hubieran abierto cae una cortina de lluvia tan espesa que se podría nadar a su través, azotada por el viento que la estrella contra nuestros cristales. Relámpagos literalmente enceguecedores seguidos por un ruido terrible, tan potente; como si el firmamento se estuviera partiendo en dos, un vaso colosal que estalla mientras escribo estas líneas y esperando que ningún rayo golpee un transformador, provoque un salto de tensión y me arruine 1.500€ de ordenador. El agua corre libre y turbia por las calles. ¿Veremos una nueva inundación para celebrar el cincuenta aniversario de la última? Suerte que ahora tenemos dos cauces de río y podemos desaguar el doble que entonces.

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